Ciencia

La ciencia y tecnología como instrumento de desarrollo en Honduras – criterio.hn

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Por: Erick Tejada Carbajal

Hay una creencia de alguna popularidad en naciones como la nuestra, la cual estriba en pensar que por ser un país hondamente empobrecido y con tantas urgencias, no podemos darnos el lujo de invertir en Ciencia y Tecnología y en arte, deportes y cultura también. Evidentemente, esta perspectiva es absolutamente utilitarista, y derivada de esa concepción de la escuela de economía austríaca que de alguna forma le metió a occidente en la cabeza que el fin del ser humano es meramente económico, que son el comercio y los mercados los motivos centrales de su vida. No se puede concebir una sociedad de convivencias dignas, una sociedad orientada hacia el desarrollo, sino se plantea que nuestros compatriotas puedan tener un acceso democratizado a la ciencia y la cultura. No sólo de pan vive el hombre dijo el carpintero de Belén.

El rezago de Honduras en materia de Ciencia y Tecnología (de ahora en adelante CyT); es abrumador. Algunos indicadores nos pueden ayudar interpretar el estatus del avance científico en el país: se invierte actualmente el 0.04% del PIB en CyT[1]; para poner en contexto esta cifra, hay que mencionar que México invierte el 0.32%, Argentina 0.28% y Costa Rica —nuestro vecino—invierte aproximadamente el 3.06% de su PIB en CyT. Al 2016, El Salvador había incrementado su inversión en investigación de 1.09 al 1.88% de su PIB dando un salto cuantitativo importante [2]. Con una simple comparación de estos datos, podemos descubrir que México invierte 8 veces más en CyT que Honduras, El Salvador 47 veces más y Costa Rica 76 veces más.

Cabe resaltar que México tiene más de 40 años con una política sostenida de inversión en CyT y que su prepuesto es inmenso comparado con el de los países centroamericanos. El país azteca se ha constituido como una potencia regional en este campo a la par de naciones como Brasil, Argentina, Chile y Colombia.  En Costa Rica, por ejemplo, existen al menos 3800 investigadores que hacen publicaciones en revistas indizadas y bajo un esquema de revisión por pares, en Honduras, apenas 538. México tiene 23 investigadores por cada 100 mil habitantes, Costa Rica 144 y El Salvador 7. Honduras apenas 0.13[3].

Es probable que el primer esfuerzo medianamente tangible para que el Estado adoptara políticas públicas en materia de CyT fue con Callejas, cuando en 1993 se fundó el Consejo hondureño de ciencia y tecnología (COHCIT) con el propósito de promover, estimular, y fortalecer el desarrollo científico y tecnológico en Honduras. La función del COHCIT durante mucho tiempo fue otorgar becas para promover la formación de recurso humano, sin embargo, es difícil encontrar evidencias de que efectivamente esas becas tuvieron algún impacto de retribución en la sociedad hondureña. Posteriormente, en febrero del 2014 — entrando JOH a la oficina presidencial— se aprobó la Ley para la promoción y fomento del desarrollo científico, tecnológico y la innovación en Honduras. Dicha ley, fue el primer esfuerzo medianamente serio de delinear una serie de políticas públicas específicas en materia de CyT; la ley mencionada, trae en su ADN mucho de la ley de desarrollo científico y tecnológico de Costa Rica y contiene figuras clásicas del orlandismo en materia de administración pública como ser los fideicomisos con la banca privada, mención de las ZEDES y las asociaciones público-privadas (APP).

El reglamento de esta ley fue aprobado hasta el 7 de noviembre del 2020, lo cual evidencia la poca aplicabilidad que ha tenido la misma y su estatus de papel mojado. Dicha ley de fomento dio paso a la creación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología integrado por la SENACIT (Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología), el IHCIETI (Instituto hondureño de Ciencia y Tecnología), el CONFOCIT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) y el FONAFICIT (Fondo Nacional de Financiamiento de la ciencia y la tecnología). En la práctica, sólo el IHCIETI funciona con una estructura burocrática de 79 empleados y hay mucha nebulosa y opacidad en torno a cómo se han utilizado los recursos en los últimos 8 años. Lo que sí se sabe, es que limitan el impulso de la ciencia y tecnología en el país a concursos tecnológicos, consultorías, capacitaciones y otra serie de actividades que tangencialmente involucran la generación y aplicación de conocimiento científico.

Las deficiencias en materia de ciencia y tecnología evidentemente no sólo pasan por la escasez de recursos, sino también por la falta de voluntad política de desarrollar este eje y empalmarlo con los objetivos de desarrollo sostenible y el plan de país —si es que todavía existe—. Uno de los primeros problemas que saltan a la vista —además de los ya citados— al analizar el estado de la ciencia y tecnología en la nación, es que, la mayoría de oferta de posgrados en Honduras es de índole profesionalizante, poquísimas maestrías y doctorados tienen un enfoque en ciencias de manera tal que se forme gente orientada a hacer investigación. La cantidad de posgrados en ciencias exactas, ingenierías y especialidades en ciencias de la salud sigue siendo exigua. L

a oferta de posgrados está copada por las áreas administrativas. Esto, impide formar recursos humanos de alto nivel ingenieril o técnico que puedan pujar por reducir la brecha tecnológica con otros países más avanzados en ese sentido. Hay tareas urgentes pendientes en general en Honduras: la reconversión tecnológica del aparato industrial, la tecnificación y modernización de la agricultura, la democratización de la generación de energía a través de plataformas verdes y renovables, el uso de tecnología de punta en el sistema educativo en todos sus niveles, la formación de recursos humanos especializados en hacer investigación, la generación de estadísticas y medición de indicadores que permitan hacer un diagnóstico del estado de la nación e incrementar la competitividad del país, en todos estos rubros la ciencia y la tecnología deberían de jugar un rol trascendental, vital.

En cuanto a específicamente fortalecer la CyT en Honduras, falta también promover la creación de más posgrados técnicos y de becas para formar numerosos profesionales con un elevado perfil técnico. Crear un sistema nacional de investigadores, un repositorio nacional de CyT, crear centros tecnológicos en el interior del territorio patrio y políticas de estímulos fiscales para las empresas que le apuesten a la innovación y desarrollo tecnológico en sus actividades. Para todo esto, es necesario que se suba la inversión de 0.04% del PIB en CyT (Unos 240 millones de lempiras) a al menos 0.5% (unos 3000 millones de lempiras) en un plazo no mayor de 5 años. Dos, colocar a la gente adecuada en los cargos clave —con experiencia técnica en el campo de la ciencia y tecnología— para que asuman las riendas del desarrollo de este eje, que a su vez es trascendental para toda la visión de desarrollo del país.

Un caso emblemático dónde la ciencia y la tecnología fueron utilizadas como ejes centrales de desarrollo, fue la Brasil de Lula da Silva, que sacó a 40 millones de personas de la pobreza con políticas públicas que vincularon la inclusión social y el desarrollo científico y tecnológico. La creación en el 2003 específicamente de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología para la Inclusión Social (SECIS) y la reformulación total de las políticas federales de CyT aunado a un substancial incremento en inversión en CyT lograron resultados asombrosos tanto a nivel de inclusión social como de desarrollo tecnológico [4]. O sea, sí es posible reducir la pobreza y la desigualdad y a su vez invertir en desarrollo científico y tecnológico.

Tampoco digo que no hay nada de investigación, innovación y desarrollo tecnológico en Honduras. Mucha gente y varias instituciones en situaciones precarias, pero con mucha pasión han logrado desarrollar investigaciones interesantísimas. La UNAH, UNITEC y El Zamorano en ciertas áreas como las ciencias de la salud, administrativas y sociales, son las que mayor producción científica han tenido. El esfuerzo de docentes, instituciones y estudiantes ha sido superlativo ante la rolliza ausencia del Estado en estos menesteres.

Ante la llegada de un nuevo gobierno, la esperanza resurge de que se le dé la ciencia y la tecnología el lugar que merece como eje vital y transversal del desarrollo e inclusión social en el país. Esperemos que, en pocos años, esos nefastos indicadores que presenté inicialmente en este artículo, cambien dramáticamente y así nos subamos al concierto de las naciones también en esta materia. Estoy seguro que Honduras sería (ya es) cuna de magníficos científicos.

Referencias:

[1] = UNESCO. OEI. Estado de la Ciencia. Principales indicadores de ciencia y tecnología Iberoamericanos / Interamericanos 2021.

[2]= https://datos.bancomundial.org/indicator/GB.XPD.RSDV.GD.ZS

[3] = https://www.uv.mx/prensa/ciencia/mexico-tiene-23-investigadores-por-cada-100-mil-habitantes/

[4] = Ivanise Monfredini. (2015). La política de ciencia y tecnología para la inclusión social en Brasil. Revista Cubana de Educación superior, 34, 1-9. 2022, enero 10, Recuperado de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0257-43142015000100008.


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Elena Garcia

Sumergiéndome en el océano de las palabras y tejiendo narrativas como hilos de un lienzo, soy Elena García, una Artista Verbal del Blogging que convierte letras en mundos cautivadores. Mi travesía en la Universidad Autónoma de Barcelona coloreó mi pluma con la paleta del conocimiento. Como una tejedora de historias, mis escritos se despliegan desde las esferas de las noticias internacionales hasta el resguardo de la seguridad global, desde los misterios de la ciencia hasta los engranajes de la industria automotriz y los tesoros de la literatura. Cada palabra es una pincelada de autenticidad, entrelazada con el hilo de la transparencia. Acompáñame en este viaje donde las letras cobran vida, donde la seguridad se entrelaza con la ciencia, donde las máquinas se fusionan con las palabras y donde cada párrafo es un reflejo de la vasta riqueza de la literatura.

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