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Por otros cien años de pasión celeste – Faro de Vigo

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Por otros cien años de pasión celeste

El progresivo envejecimiento de la población gallega ha hecho que ser centenario haya pasado de ser una circunstancia extraordinaria a algo relativamente natural. Hoy en Galicia viven más de dos mil personas que superan los cien años, y en el futuro habrá muchos más. Esa excepcionalidad tiende a normalizarse a pasos agigantados. Sin embargo, lo que hoy puede parecer cotidiano, en el ámbito de las sociedades, las empresas, los clubes, las entidades, se está convirtiendo en una rara avis. Nuestro mundo avanza tan rápido, los cambios de todo tipo –económicos, sociológicos, tecnológicos, de consumo…– son tan frecuentes y disruptivos que el progreso o la mera supervivencia son tareas hercúleas. Celebrar hoy un centenario son palabras mayores.

En 2023 dos instituciones claves de Vigo y Galicia están de enhorabuena. FARO DE VIGO, el periódico decano de la prensa nacional, cumple en noviembre 170 años, como bien saben nuestros lectores, porque desde enero estamos compartiendo con ustedes un festejo que se intensificará en los próximos meses con un ambicioso programa de actividades. Y el Real Club Celta de Vigo festeja el próximo miércoles 23 de agosto cien años.

Conviene, en este punto, recordar la íntima vinculación entre uno y otro. Porque sin FARO el Celta, nuestro Celta, nunca hubiera existido. Como conocen muchos aficionados la genésis del club celeste está inexorablemente ligada a un periodista de esta casa: Manuel de Castro Hándicap. Fue él quien tuvo la visión preclara, allá por los años 20 del pasado siglo, de impulsar la fusión de los dos clubes que competían en la ciudad olívica, el Fortuna y el Vigo Sporting, y edificar sobre esos dos pilares una institución “grande, potente y digna de nuestro rango deportivo”. Su bendito empeño se sustanciaba en una frase: “Todo por y para Vigo”. Otra personalidad ligada a FARO jugó un papel capital en todo este proceso de unidad: Juan Baliño, que sería gerente del periódico, fue clave en darle una estructura jurídica a la idea de Hándicap. La historia desde entonces es bien conocida. Cien años más tarde, el Celta –que pudo haberse llamado Club Galicia, Real Atlético, Real Club Olímpico e incluso Breogán– es uno de los grandes símbolos de Galicia y una referencia ineludible en el deporte balompédico nacional e internacional.

“El Celta, como FARO, es un instrumento clave para crear comunidad, para cohesionar a los ciudadanos, para estar unidos pese a las diferencias. El éxito de su longevidad radica en el orgullo, el compromiso, la lealtad con un territorio”

Desde el partido inaugural –contra el Boavista portugués en verano de 1923– hasta hoy, el club ha vivido infinidad de vicisitudes –todas ellas ampliamente reseñadas en las páginas de FARO. Pero, más allá de su vertiente deportiva, el Celta, el celtismo, está en nuestro ADN. Si se dice que el Barcelona es más que un club, el Celta –pese a no tener una hoja de servicios tan brillante– apela también al sentimiento, al orgullo, al compromiso. Forma parte de nuestras vidas. Es un miembro más de nuestra familia. Los vigueses, y gallegos en general, vivimos con pasión sus victorias y nos angustiamos con sus derrotas, algunas tan dolorosas. El Celta, como FARO, es un instrumento clave para crear comunidad, para cohesionar a los ciudadanos, para estar unidos pese a las diferencias. Por eso su valor es incalculable. Trasciende los resultados. No se computa en puntos ni en goles. Ni en beneficios o pérdidas. ¿Cómo medir un sentimiento tan profundo, que se transmite de abuelos a padres y de estos a sus hijos desde hace un siglo?

En estos tiempos en el que las noticias vinculadas al deporte, particularmente al fútbol, son más propias de las secciones de economía y finanzas de los periódicos; cuando las cuentas de resultados parecen imponerse a la batalla sobre el césped; cuando el negocio gana cada día terreno al juego; cuando adquiere más relevancia lo que se discute en los despachos que en el campo… el celtismo ha sabido preservar su sentimiento, su pasión, su arraigo por una camiseta y un escudo. Su amor a unos colores. Y esto sí que no tiene precio.

El club afronta este centenario en una situación confortable: robusta salud económica, planes estratégicos en marcha, infraestructuras en crecimiento o modernización –algunas como el nuevo estadio de Balaídos con el apoyo incondicional de Concello y Diputación– y un proyecto deportivo que ha despertado la ilusión con la llegada de un técnico de primer nivel, que esperemos sea la antesala de un equipo fortalecido que permita hacer realidad los objetivos más ambiciosos que se anuncian cada temporada para evitar los sustos, incluso la agonía, vividos en las más recientes.

“El Celta, como FARO, es un instrumento clave para crear comunidad, para cohesionar a los ciudadanos, para estar unidos pese a las diferencias”

La cúpula del club, que ha vivido una profunda renovación, se ha comprometido a poner más el foco en el ámbito deportivo, en el equipo, que es en realidad la base sobre lo que sostiene todo el edificio institucional. Su declaración es, en cierta medida, el reconocimiento de que, aunque las cosas se han hecho bien, es preciso girar un poco la brújula de las prioridades. Basta echar un vistazo al norte de Galicia para percibir que el éxito de un club se cimenta, más allá de los despachos, sobre lo que acontece en un recinto de cien metros de largo por sesenta de ancho. Una buena gestión económica es vital para dar estabilidad a los proyectos, pero los resultados deportivos son determinantes, porque, no lo olvidemos, es lo que insufla vida a la afición. Son las dos caras de una misma moneda. Y en saber encontrar un equilibrio permanente entre una y otra reside la clave de la prosperidad, la longevidad.

A lo largo de estos cien años, y desde el primer minuto, FARO DE VIGO ha mantenido sin desmayo, en especial en los momentos más difíciles, que no han sido pocos, su apoyo, respaldo, lealtad y compromiso con el Celta. El suplemento del Centenario que ofrecemos hoy a nuestros lectores, en el que se recuerdan hazañas y fracasos, se resaltan las figuras de nuestros héroes celestes, se reviven grandes historias y otras más pequeñas, pero igual de importantes, y conviven los textos de nuestros más brillantes periodistas deportivos con las mejores plumas literarias de Galicia, es la última prueba.

Nuestro compromiso seguirá vivo otros cien años. Porque FARO siempre ha entendido que defender al Celta es defender a todo un territorio. Defender una forma de vivir, de sentir y de soñar. Y el celtismo hoy sigue soñando con un futuro mejor. Esa ilusión renovada año año, generación tras generación, es lo que precisamente le hace ir al campo los fines de semana. Es lo que le empuja a gritar desde las gradas de nuestro querido Balaídos: ¡Hala Celta!

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Javier Medina

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