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Golpe en Níger: primera batalla geopolítica por el urania mundial – Buzos de la noticia


2023-08-20
Ciudad de México




Detrás de la reciente e inédita rebelión militar en Níger, Malí y Burkina Faso se halla la lucha de estos países por superar sus graves problemas de pobreza y subdesarrollo, mantener su soberanía nacional y defender sus recursos naturales contra la voracidad de las potencias imperialistas de Occidente, cuyos dirigentes atribuyen estos “oscuros intereses” a Rusia.

En Níger se libra una batalla geopolítica donde los gobiernos oligárquicos de Estados Unidos (EE. UU.) y la Unión Europea (UE) buscan reposicionarse y ampliar su influencia en esta excolonia para enfrentar los “inquietantes avances” de China, Rusia e India en esa nación africana.

Después del golpe militar que depuso al presidente Mohamed Bazoum, los países africanos se organizan para un nuevo ciclo de confrontación entre las empresas trasnacionales estadounidenses y europeas, y firmas chinas y rusas. El futuro es incierto, pues el choque entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia en Ucrania, redibujó las relaciones de los 54 Estados africanos con Occidente.

 

 

Níger es el país más pobre de África occidental, a pesar de ser el cuarto mayor productor mundial de uranio y principal proveedor de las 16 nucleoeléctricas francesas. Todo análisis prospectivo deberá considerar cómo actuarán las trasnacionales que regentean el mineral estratégico frente a los gobiernos antihegemónicos africanos.

Tanto Washington como París conocían la inconformidad en Níger, pero no les interesó. En Malí ocurrió lo mismo: vivió un golpe de Estado en agosto de 2020; y en Burkina Faso, que protagonizó otro en septiembre de 2022; de ahí que sus estrategas no tengan una respuesta a esos vuelcos políticos.

The Washington Post, The New York Times, Le Fígaro y Le Point optaron por plantear la versión como una nueva Guerra Fría para sugerir que tales asonadas eran similares a los típicos golpes tercermundistas de los años 60. Pero todo indica que esa narrativa no coincide con lo sucedido en Níger, donde los militares encabezaron un movimiento respaldado por ciudadanos que exigen respeto a su soberanía.

Por décadas, Níger había colaborado en las tareas de seguridad con Francia y EE. UU. frente a las actividades contra los grupos yihadistas del Sahel, región estratégica de cinco mil kilómetros entre el Atlántico, el norte de África (Magreb) y el Mar Rojo.

El golpe militar alteró el futuro de las relaciones entre Níger y EE. UU., cuyo gobierno ha desplegado una significativa fuerza militar sobre la región a cambio de 100 millones de dólares (mdd). El presidente estadounidense Joseph Biden la suspendió y envió a la Subsecretaria de Estado interina, Victoria Nuland, a dialogar con el jefe militar de la Junta, general de brigada Mousa Salaou.

Después de una reunión infructuosa, que Nuland calificó como “extremadamente franca y en ocasiones bastante difícil”, no logró ver al depuesto presidente ni al líder de los golpistas, general y exjefe de la Guardia Presidencial, Abdourrahmane Tiani. Sin embargo, la enviada confió en resultados a futuro, pues Salaou Barmou trabajó años con las fuerzas especiales estadounidenses.

La nueva situación política que se vive en África occidental también pudo advertirse en la alarmada y arrogante reacción del presidente francés Emmanuel Macron ante el golpe del 27 de julio, mientras visitaba Vanuatu, en el Pacífico donde, además de alertar contra “‘nuevos imperialismos”, vociferó:

“¡Es perfectamente ilegítimo!”, “¡Es muy peligroso!” y llamó a la “inmediata liberación”. Por ello, en la prensa gala, Antoine Glaser planteó que a su gobierno le preocupa que el golpe nigeriano marque el fin de la presencia francesa en el Sahel.

Sin embargo, la prensa corporativa intentó desvanecer este riesgo cuando afirmó que el golpe había sido diseñado por “un general frustrado por su frustrada carrera”. La verdad era otra: las fuerzas armadas de Níger, como las de Malí y Burkina Faso, actuaron contra sus gobiernos decepcionadas por la degradante situación política, económica y de seguridad, y para lanzar su estrategia de desarrollo nacionalista.

 

África dividida

El golpe del 26 de julio, que depuso al presidente Mohamed Bazoum, alertó a la Comisión Económica de Estados de África Occidental (CEEAO), cuya presidencia pro tempore detenta Nigeria que, junto a los de Benín, Costa de Marfil y Senegal, ofreció su ejército para invadir Níger si la Junta no restituía a Bazoum la media noche del seis de julio.

Pero la crisis dividió a África, pues Malí, Burkina Faso, Chad y Guinea –vecinos de Níger– rechazaron ese ultimátum y anunciaron que verían esa operación como un acto de guerra en su contra; también los respaldaron Argelia, Guinea y Rusia.

Antes de vencer el ultimátum, la Junta –autodenominada Consejo Nacional de Salvaguarda de la Patria (CNSP)– desplegó sus fuerzas en Niamey, cerró el espacio y movilizó a sus simpatizantes ante el riesgo de una ofensiva extranjera.

Ese día, en el estadio Sayni Kounche de Niamey, decenas de miles de simpatizantes de la CNSP gritaron consignas por nacionalizar las minas de uranio, exigieron el retiro de tropas francesas y protestaron contra la CEEAO.

En ese ambiente agitado, el CNSP, liderado por Abdourrahmane Tiani, designó al economista Mahame Lamine Zeine como jefe del Gobierno Transitorio con 21 ministros, entre ellos seis militares. Es pronto para afirmar hacia dónde evolucionará la situación. Los vecinos de Níger se movilizan para estabilizar la situación e impedir una operación militar de la CEEAO contra la Junta.

A dos días del golpe, en su comunicado 305, la cancillería mexicana emitió una condena “enérgica” a la deposición del presidente Bazoum y a la instalación de un régimen militar; manifestó su apoyo a la CEEAO, la Unión Africana y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para restaurar la “buena gobernanza”, término muy socorrido en el discurso neoliberal. México y Níger tienen relaciones diplomáticas desde el seis de noviembre de 1975.

 

 

Soberanía o hegemonía

Plantear la soberanía en África parece utópico por ser un continente saqueado sistemáticamente por europeos, estadounidenses y asiáticos. En los años 60, la neocolonización de las empresas trasnacionales reabrió el ciclo de despojo y exhibió la penosa puja que los gobiernos soberanos deben realizar ante sus pares extranjeros imperialistas, la mayoría de Occidente.

Francia ha expoliado a sus colonias al grado de impedir todo desarrollo. Níger tiene más del 60 por ciento de su población en pobreza extrema, viviendo en barracas sin agua y electricidad en Arlit y trabajando en las peligrosas minas de uranio.

La firma francesa Orano controla la extracción de hasta 110 metros de profundidad. Los nigerinos llevan las verduzcas rocas al exterior donde, durante 24 horas al día, enormes vehículos las llevan a puertos para ser embarcadas hacia Francia.

Todo el uranio del mundo que consigue esa empresa llega en polvo a la planta nuclear Orano Malvési, de Narbonne, Francia, donde los habitantes se quejan por la severa contaminación.

 

Codicia por uranio

Hoy aumenta la conciencia política sobre el riesgo que representa el acceso y el suministro de este mineral estratégico, destaca la consultora Corporación Fission Uranium. La cambiante relación entre grandes potencias redibujó el panorama para el sector debido a que lo producen países vulnerables.

El conflicto OTAN-Rusia y los disturbios en Kazajastán arriesgaron más de 16.5 por ciento del suministro global, cita la consultora Invest NS. Además, no todos los productores tienen gobiernos generales o provinciales a favor de la explotación mineral masiva.

Australia, con los mayores yacimientos mundiales de uranio, desplazó a indígenas wongatha de su territorio por esa explotación. El Partido Liberal prohibió operar ahí a 100 empresas, pero el Partido Conservador levantó la medida y hoy extrae 10 mil toneladas anuales.

Canadá posee la mayor reserva global de uranio de alto grado en la Cuenca Athabasca, provincia de Saskatchewan, que avala la extracción. Kazajastán provee más del 40 por ciento del suministro global; y en 2022 logró calmar las protestas por la carestía con ayuda de Rusia, que provee del cuatro al seis por ciento del uranio mundial.

De modo que la política interna de Australia, Canadá y Kazajastán, seguidas de Uzbekistán, Níger y Namibia (cuarto, quinto y sexto lugar mundiales) resulta fundamental para producir y fijar el precio mundial de uranio, según la consultora GlobalEDGE.

 

El depuesto presidente Mahadu Issufu consolidó en Níger ese modelo extractivista imperial, explotador y cruel, por ofrecer Orano/Areva a manos llenas entre 1985 y 1992 como primer ministro y luego como presidente entre 2011 y 2021.

Él presidía Níger cuando la OTAN atacó a Libia y cuando el yihadismo se extendió en el Sahel, y aprobó el despliegue de tropas en Arlit. Los franceses promovieron a Issufu como gran luchador anticorrupción, aunque persiguió a los opositores y siempre dependió de Occidente, recuerda el movimiento M62, que defiende a los golpistas.

La ley minera de 2006 aplicó impuestos a las trasnacionales mineras por presión de la oposición nigerina. Entonces llegaron al país 31 empresas, como la China National Nuclear Corp., que trabaja con el gobierno.

Además del uranio, desde 1974, Níger produce oro y una gran sequía obligó a la población a buscar recursos para sobrevivir. En 2014 ya operaban 69 minas artesanales, pero la escasez de alimentos y la hambruna son recurrentes y casi “normales”, denuncia la Confederación Nigerina del Trabajo (CNT).

En 2017 estalló el uraniumgate, un caso de corrupción en el que Areva especuló con el uranio en el mercado internacional y ofreció parte de las ganancias a la estatal Sociedad Patrimonial de Minas de Níger (Sopamim). Luego se supo que Areva financió al grupo yihadista Al Qaeda del Magreb, que secuestró a siete mineros.

 

 

Un año después, el agente de la inteligencia francesa Jean-Marc Gadoullet depositó parte del rescate y liberó a tres rehenes. Los otros cuatro fueron rescatados cuando el entonces presidente Nicolás Sarkozy negoció con Issufu. En total, los yihadistas cobraron 17.6 mdd, bajo el código secreto de pagos “T3” en un banco de Dubai, revelan documentos.

La empresa Sopamin perdió toda confiabilidad y, para borrar su historial de sobornos, prestanombres, paraísos fiscales, mercenarios yihadistas y bancos, Areva cambió su nombre a Orano. “Issufu luchaba contra la corrupción tanto como Francia luchaba contra el yihadismo”, resume Juan Olarieta.

 

¡Vienen los rusos!

Sin embargo, todo indica que los autores de la asonada aprovecharon la cercanía de líderes africanos con Moscú. En la reciente cumbre Rusia-África, el presidente Vladimir Putin mostró al mundo que logró atraerse a 19 gobiernos de ese continente en vísperas de la firma del acuerdo para exportar cereales.

Analistas occidentales confiaban en que África enfriara su relación con Moscú, por el retraso en los envíos de granos; pero olvidaban que el Kremlin la ayudó en la lucha por la descolonización. Por ello les ofreció su trigo a seis países que apoyaron su plan de paz con Ucrania.

Según el Departamento de Agricultura estadounidense, Rusia es el mayor exportador mundial de trigo, con una producción de 43.6 millones de toneladas contra 21.1 millones de EE. UU. Entre febrero y agosto de 2022, el trigo ucraniano estaba detenido en los puertos del Mar Negro, custodiado por la flota rusa. A la vez, el trigo ruso sufría la prohibición del sistema de pagos SWIFT, que dificultaba su adquisición.

El mercado global de trigo hacia “el sur global” cayó y coincidió con la aguda crisis alimentaria en el Magreb y el Cuerno de África (región que tiene 130 millones de habitantes de Somalia, Eritrea, Etiopía, Kenia y Djibouti), asolado por una sequía de 40 años.

 

Arlit: zona cero

A orillas del desierto del Sahara está el eje de la geopolítica africano-occidental del uranio: la paupérrima población de Arlit, al norte de Níger; ese poderoso combustible radioactivo, que alimenta la industria nuclear global pacífica o energética, yace ahí y lo encontraron geólogos franceses a mediados del siglo pasado.

Desde entonces, empresas francesas excavan ese mineral en su excolonia. En 2022, las minas de Arlit proveían el 25 por ciento del uranio que importa la UE, por lo que el golpe de Estado puso en riesgo ese flujo para un mundo que busca energía libre de carbono.

Francia posee la mayor cantidad de centrales nucleares y, por tanto, depende del uranio. Níger le suministra más de 20 por ciento a la francesa Orano, que no pagaba ningún impuesto y apenas daba 5.5 por ciento sobre uranio producido (según sus cifras).

La mayoría de nigerinos vive en Arlit; y más de 60 por ciento pertenece a la pobreza extrema, que habita barracas sin agua, electricidad ni infraestructura básica. El uranio que extraen niños, jóvenes y hombres es procesado y trasportado por Orano Cycle, perteneciente al Comisariado de Energía Atómica.

En 2017 salían de Níger dos mil 116 toneladas de uranio hacia el puerto Cotonú de Benín y Francia. Este año, el Producto Interno Bruto de Níger fue de solo 16 mil 617 mdd, el más bajo de la región y con mayor deuda global, según el Banco Mundial. La exhaustiva explotación dañó el ambiente, denuncia la Comisión para la Investigación e Información sobre Radioactividad (CIIR).

 

Esas regiones son víctimas del aumento en el precio mundial del cereal y la falta de abasto. En junio de 2022, el presidente egipcio viajó a Sochi, Rusia, para negociar también la entrega de granos, pero solo aseguró el suministro hasta que Turquía y la ONU mediaron para crear un corredor seguro.

La renovada relación rusa con África preocupa a Occidente, que ve “un retorno a la Guerra Fría”, cuando Moscú desafió a Washington al apoyar a movimientos de liberación nacional en Angola y Sudáfrica. Para Bloomberg, Rusia compite con EE. UU. y la Unión Europea en ese continente.

La pesadilla se hizo realidad cuando banderas rusas ondearon frente a la embajada francesa en Niamey, capital de Níger. Rusia apareció así como ganador geopolítico tras el golpe de Estado. El tres de agosto, The Washington Post insinuó: “Aunque el Kremlin no parece directamente involucrado en el golpe, su maquinaria propagandística animó los sentimientos anti-franceses y anti-estadounidenses en la zona del Sahel”.

Según un editorial, desde 2020 Moscú estuvo detrás de los golpes en Burkina Faso, Chad, Guinea, Malí y Sudán. Para el analista Javier Blas, de Bloomberg, “el largo brazo del Kremlin” se inmiscuye en la geopolítica de energía obviamente; y sostiene que si Níger “cae en la órbita rusa”, el mundo dependerá aún más de Moscú por la energía atómica.

Occidente teme considerablemente que de unir a Kazajastán y Uzbekistán –que producen 50 por ciento del uranio global–con el potencial nigerino, Rusia contaría con 60 por ciento de esa provisión para controlar el ciclo nuclear. Es decir, dominaría la transformación del uranio en energía atómica útil para sus reactores civiles a partir de su conversión y enriquecimiento.

Según la Asociación Nuclear Mundial, Rusia tiene el domino total del mercado global de conversión y enriquecimiento de uranio, pues reúne 45 por ciento del mercado global. En 2022 EE. UU. compró casi un tercio del uranio enriquecido por el que pagó casi mil mdd a una empresa rusa.

 

 

Para Washington, esta “vulnerabilidad estratégica” es insostenible, pues a pesar de la crisis en Ucrania no ha prohibido importar combustible nuclear ruso. De ahí el enojo y temor de Occidente cuando se enteró de que en el estadio de Niamey las multitudes celebraron el golpe y ondearon banderas rusas mientras denunciaban al imperialismo.

 

Minas y bases

El saqueo occidental de recursos africanos es histórico. Solo en los años 40 del Siglo XX, la provincia de Katanga, en la actual República Democrática del Congo (RDC), proveyó la mayoría del uranio que usó el Proyecto Manhattan estadounidense.

Níger, Namibia y Sudáfrica aportan más del 18 por ciento de la producción anual de uranio, que explotan empresas trasnacionales, según la Asociación Mundial Nuclear (AMN). En Gabón y Botswana, una firma australiana explota el uranio.

Mineras canadienses lo hacen en la República Centroafricana y trasnacionales exploran yacimientos en Guinea; y ante la anarquía del sector en Guinea Ecuatorial, se lanzó un nuevo código minero.

La australiana Paladin Energy opera en Malawi; al igual que la canadiense GoviEx Uranium, en Malí, y la australiana Aura Energy, en Mauritania. En Marruecos investiga la francesa Areva, mientras la franco-australiana GCO excava en Senegal; y en Zambia explotan el mineral la canadiense Uranium Inc. y la australiana Equinox Minerals, con grave daño ambiental.

En 2009, Nigeria pactó con Rusia para explorar uranio y prevé construir un reactor nuclear. Esta atractiva oferta y la posibilidad de un gobierno nigerino que nacionalice el uranio y los accesos al Sahel, aterra al imperialismo.

De ahí la alerta estadounidense a sus 29 bases en África: dos permanentes en Djibuti, Níger (Agadez, Niamey) y Uganda; una en Kenia, así como Gabón, isla de la Ascensión, Ghana, Burkina Faso, Senegal y Chad, según el AfrCom; cuatro bases provisionales en Níger (Arlit, Dirkou, Diffa, Ouallam), dos en Libia, cinco en Somalia, dos en Camerún, Malí y Libia; y una en Kenia y Ghana.

Para Francia, Níger ha sido el pivote de su estrategia de seguridad en el Sahel, por lo que titubea en romper su relación con los golpistas. Su estrategia para penetrar al continente consiste en controlar el Sahel –que va desde Mauritania, Senegal, Costa de Marfil, Camerún y Gabón, hasta Malí, Níger, República Centroafricana y Chad–, explica Pedro Fatjó.

Desde sus 10 bases africanas, el Elíseo ha lanzado sus múltiples intervenciones imperiales (como en Libia, Irak, Siria o Malí); la que tiene en Níger es muy útil, refiere el Centro de Análisis Tricontinental. Alemania, con intereses en la zona, advirtió que debían esperar duras consecuencias si dañaban al presidente; y no descartó una intervención. Lo mismo hizo Italia.





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Pablo Sanchez

Sumergido en el vasto mar de las palabras y esculpiendo historias como un artesano, soy Pablo Sánchez, un Artesano de la Escritura Digital que transforma ideas en relatos cautivadores. Mi formación en la Universidad Pompeu Fabra me brindó el cincel del conocimiento. Como un orfebre de letras, mis escritos se despliegan desde los escenarios de eventos internacionales hasta los entresijos de la política, desde las aulas de educación hasta las luces del entretenimiento y las maravillas del medio ambiente. Cada palabra es una pincelada de autenticidad, tejida con el hilo de la transparencia. Acompáñame en este viaje donde las letras se convierten en notas de un concierto de conocimiento, donde la política comparte escenario con la educación, donde la diversión se entrelaza con la conciencia ambiental y donde cada página es un lienzo en blanco para crear mundos de imaginación.

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