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Dolarizar y destruir el Banco Central es una locura inédita – Bae Negocios


La cuestión de la dolarización en Argentina ha sido objeto de debates y análisis profundos, sin definiciones concluyentes. Es crucial adoptar una postura contundente al examinar los equivocados argumentos a favor de esta medida, ya que los defensores de la dolarización a menudo pasan por alto las graves implicaciones que conllevaría. Las aparentes ventajas de estabilidad y confianza en medio de la volatilidad económica no deben oscurecer la cruda realidad de lo que podría significar para la independencia económica del país.

La comprensión pública sobre las políticas del Banco Central es, en muchos casos, limitada, y en este contexto, ciertos economistas libertarios continúan tergiversando o ignorando las graves consecuencias de la dolarización. No obstante, es fundamental recordar que cualquier gobierno se apoya en tres pilares económicos fundamentales: la política fiscal, la política monetaria y la política cambiaria. Y cuanta más autonomía tenga mejor podrá cambiar el escenario económico hacia una economía más inclusiva.

De estos tres pilares, dos son cruciales y están influenciados por el Banco Central. La política monetaria, por ejemplo, desempeña un papel vital al expandir o contraer el suministro de dinero, a través de herramientas como las tasas de interés y encajes bancarios. La oferta monetaria es esencial para sostener la economía, y un aumento en la oferta de dinero a menudo está relacionado con la estimulación del crecimiento. En criollo: no puede haber más actividad si ésta no tiene el dinero que precisa para expandirse.

En lo que respecta a la política cambiaria, el Banco Central juega un papel fundamental al intervenir como oferente o demandante de divisas para equilibrar o fijar un valor específico para el tipo de cambio. Este valor, por ende, tiene un impacto directo en la competitividad de las exportaciones, pero también sobre todo en el poder adquisitivo de los ciudadanos y en la capacidad de la economía para responder frente a la inestabilidad externa.

Debates del pasado

No obstante, los defensores extremos de la dolarización proponen la eliminación completa del Banco Central como una medida audaz. Esta posición es un retorno a debates del pasado, y no atiende que el sistema financiero requiere regulación para salvaguardar los ahorros y mantener la estabilidad económica. La historia nos recuerda la importancia crucial de una supervisión y regulación efectiva, como se evidenció en crisis financieras anteriores debido a la falta de seguridad en los depósitos, tal como pasó en 2001 frente a la crisis de la convertibilidad que era, en los hechos, una dolarización posible.

Es importante señalar que en la actualidad ningún país desarrollado opera sin un Banco Central, y la gran mayoría de naciones con ingresos medios a altos tienen su propia moneda. De los 190 países listados en la base de datos del FMI, solo 14 carecen de moneda propia.

La moneda desempeña una serie de funciones vitales, entre ellas, ser medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor. Considerar la dolarización sería un grave error económico y una traición a la autonomía nacional. Esta medida implicaría someter a la Argentina a un estatus de dependencia respecto a las políticas monetarias, el ciclo económico y las necesidades de expansión y cambio estructural de Estados Unidos.

En los 90 ya se vivió una recesión muy grande, en parte porque no se podía responder a las devaluaciones de nuestros socios comerciales perjudicando nuestras exportaciones, pero en parte también destruyó mercado interno porque se hacía más económico importar, y esto llevó a un desempleo estructural del 14%, y resultados mucho peores hacía 1999 o 2001: la pobreza (medida con la balanza calórica de hoy y precios de consultoras) llegó a 51% en 1999 y 57% en 2001 antes de la crisis.

La economía argentina es bimonetaria porque las propiedades, los automóviles de alta gama o algunos bienes de lujo se comercializan en dólares, con una dolarización de facto, pero la gran mayoría de los bienes y servicios se comercializan en nuestra moneda local. A pesar de que hoy en la economía argentina algunos bienes y servicios se comercializan en dólares, una dolarización total resultaría en la reducción de los salarios en dólares y limitaría significativamente la capacidad del Banco Central para regular la economía.

Esta situación, agravada por la restricción externa que lastima los flujos de dólares, y el escaso nivel de reservas (no hay stock para hacer de colchón), llevaría a salarios aún más bajos. Además, renunciar a la posibilidad de fijar una moneda local en paridad con el dólar implicaría el alto costo de tener una circulación basada en dólares sin la capacidad de que las reservas generen un rendimiento óptimo.

Haciendo cuentas

Actualmente, la Argentina cuenta con reservas negativas por casi U$S 10.000 millones (que surgen de restar las reservas brutas los pasivos que figuran en las reservas: encajes, swaps, SEDESA y BIS). En esta cuenta no figuran las deudas contraídas por importaciones todavía no saldadas por el BCRA, que son aproximadamente de U$S 10.000 millones. La base monetaria es hoy 6,4 billones de pesos, y los pasivos remunerados (Leliqs, etc.) superan los 18 billones de pesos. Hoy el dólar está a 350 pesos. Esto a nivel de los stocks. Entonces de mínima, sin contar depósitos en pesos, y pateando las letras del BCRA para delante, el Estado precisa para dolarizar la economía alrededor de U$S 18.000 millones disponibles. Pero esto es irreal porque los pasivos remunerados del BCRA también deberán tenerse en cuenta si la idea es no descalzar a los bancos comerciales de sus depositantes.

En el supuesto caso que en esta lectura de mínima sólo tuviera U$S 10.000 millones el tipo de cambio quedaría en 640 pesos. Por supuesto que esto genera inflación. Y esa inflación reduciría todavía más la capacidad de compra de los sueldos. Supongamos el salario promedio de la economía formal privada (la informal está peor) se encuentra en $300.000 por mes, eso significa un magro sueldo de 860 dólares (similar al de 2001), pero si hacemos la cuenta con el nuevo valor (que surge de estas cuentas optimistas) estamos hablando de casi la mitad con 468 pesos por mes, reduciendo la capacidad de compra también a casi la mitad. Hoy los sueldos están 22 puntos debajo de 2019, la situación sería muchísimo peor.

Finalmente, digamos unas palabras sobre cuentas más realistas, el volumen de dinero a dolarizar no debería ser menos que la base monetaria y los pasivos remunerados del BCRA calzados con los depósitos de los agentes en los bancos comerciales, eso suma casi 25 billones de pesos. Suponiendo que hay 10.000 millones de dólares de libre disponibilidad (no se sabe cómo se obtendrían) genera un dólar de 2500 pesos. A los precios de hoy lleva el salario de los 860 dólares (al precio oficial) actuales, a un salario de 120 dólares por mes, o sea ni siquiera el 15% del salario actual. “Te la regalo”, sería la etiqueta popular.

¿Qué te puedo cobrar?

Estas cuentas son para aproximarse al problema, cuando se empiezan a mirar los flujos, los contratos de crédito ya establecidos, los plazos fijos, sus intereses, la situación empeora. En este marco de ideas, es muy posible que haya que dar algo a cambio para conseguir esos dólares, como puede ser privatizar activos que son la gran oportunidad de la Argentina como Vaca Muerta, Palermo Aike, el litio, las explotaciones offshore y las grandes acumulaciones de agua dulce que se poseen.

Uno de los efectos más devastadores de la dolarización sería la pérdida absoluta de independencia económica, como se ha dicho. Adoptar el dólar como moneda equivaldría a una rendición incondicional ante las políticas económicas estadounidenses. No solo se importaría su inflación inherente, sino que también se quedaría atado al ciclo económico y a los objetivos de expansión, que no siempre serían compatibles con las necesidades internas de Argentina. La consolidación de la independencia económica es esencial para la toma de decisiones autónomas en áreas críticas como la política monetaria, fiscal y económica.
 

El argumento de que la dolarización atraería inversiones carece de fundamento en la realidad. La experiencia de la convertibilidad, que mantuvo una paridad fija con el dólar, no generó los niveles de inversión esperados en comparación con los años en los que se aplicaron políticas keynesianas, y como se indicó más arriba los resultados sociales y productivos fueron desastrosos. La estabilidad monetaria, por sí sola, no garantiza la atracción de inversiones. Lo que sí garantiza es que sería un negocio importante para toda empresa o actividad que tenga saldos netos de exportación, que serían los grandes ganadores del modelo en contra del trabajo y la producción nacional.

La importancia de consolidar la independencia económica es vital para preservar la capacidad de Argentina de tomar decisiones autónomas y adaptar su política económica según sus necesidades y objetivos internos. La dolarización, al poner en riesgo esta independencia, podría comprometer la capacidad del país para determinar su propio rumbo económico y para enfrentar los desafíos internos y externos de manera efectiva. Antes de considerar una medida con consecuencias tan profundas para la economía y la vida de los ciudadanos argentinos, es imprescindible tener en cuenta estas implicaciones cruciales.

(*) Autor del libro Falacias Libertarias. (**) Docente UBA, Flacso

Miembros de Fundus.ar



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Elena Garcia

Sumergiéndome en el océano de las palabras y tejiendo narrativas como hilos de un lienzo, soy Elena García, una Artista Verbal del Blogging que convierte letras en mundos cautivadores. Mi travesía en la Universidad Autónoma de Barcelona coloreó mi pluma con la paleta del conocimiento. Como una tejedora de historias, mis escritos se despliegan desde las esferas de las noticias internacionales hasta el resguardo de la seguridad global, desde los misterios de la ciencia hasta los engranajes de la industria automotriz y los tesoros de la literatura. Cada palabra es una pincelada de autenticidad, entrelazada con el hilo de la transparencia. Acompáñame en este viaje donde las letras cobran vida, donde la seguridad se entrelaza con la ciencia, donde las máquinas se fusionan con las palabras y donde cada párrafo es un reflejo de la vasta riqueza de la literatura.

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